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La Biblia y la Biología

La palabra biología se deriva de dos palabras griegas: bio (“vida”) y logos (“palabra, discurso, argumento”) y significa el estudio de la vida. La Biblia es la Palabra escrita de Dios, de acuerdo a sus propias afirmaciones y declaraciones así como a una multitud de evidencias.

En la Biblia encontramos el origen de la biología y todas las demás ciencias que se atienen a los hechos. El primer mandamiento de Dios al hombre fue: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Gn 1:28). Y en Génesis 2:19 leemos: “Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre”. Posteriormente en 1 Reyes, se menciona de la primera clasificación de plantas y animales hecha por el rey Salomón (Circa 1,000 AC), muy anterior a Carlos Linneo (1753), y aún al intento de Andreas Caesalpinus, en 1583 después de Cristo. 4:33 (Salomón) “También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces. 4:34 Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría”.

Este mandato de señorear sobre la creación es, en efecto, un mandato a “hacer ciencia” pues Adán y sus descendientes solamente podrían sojuzgar la tierra y tener dominio sobre ella y sobre todas las criaturas vivientes al entender y aprender su naturaleza y funciones. Este mandamiento implica el establecimiento de la ciencia de la biología para que el hombre pudiera cuidar y utilizar apropiadamente los recursos vegetales y animales creados por Dios.

Debido a lo anterior no existe ningún conflicto entre la Biblia y la ciencia de la biología. Prov. 22:12 declara: “Los ojos de Jehová velan por la ciencia”. Sin embargo, la “biología evolutiva” es otro asunto, pues ésta se trata de una filosofía, es decir una corriente de pensamiento, y no una ciencia. La biología evolutiva trata de explicar el origen y el desarrollo de todas las formas de vida a partir de una base naturalista y sin la intervención de una creación especial.

La Biblia contradice claramente a la biología evolucionista y sus supuestos. Diez veces solamente en su primer capítulo la Biblia afirma que las distintas formas de vida se pueden reproducir solamente según su género y según su especie (por ejemplo Génesis 1:11, 12, 21, 24, 25). Esta restricción no tiene problemas con la “variación”, por supuesto, dado que no existen dos organismos de la misma especie perfectamente idénticos. Tales combinaciones “horizontales” dentro del mismo género y especie son temas de estudio científico en sí mismos y no tienen conflicto con la Biblia.

No obstante es muy triste saber que la mayoría de los biólogos, especialmente entre aquellos que no creen en Dios, están completamente comprometidos con el evolucionismo. Aún así, de los pocos que afirman creer en Dios probablemente la mayoría son evolucionistas teístas y no creacionistas.

Interesante notar y enfatizar que este amplio compromiso con la evolución no es debido a evidencia científica, sino a una antipatía hacia el cristianismo bíblico. Aún Carlos Darwin se convirtió en un evolucionista y agnóstico por su rechazo a la doctrina bíblica del castigo divino (1).

La evidencia científica para la biología evolutiva es muy débil en el mejor de los casos. En toda la historia de la ciencia no existe ningún caso documentado de evolución real. Al contrario, la increíble complejidad de aún los más simples organismos vivos no tiene ningún tipo de explicación por la vía evolutiva. El código genético que gobierna el proceso de reproducción en todas las creaturas es extremadamente complejo, implicando un diseño inteligente. En la Biblia, en el Salmo 139 encontramos la PRIMERA mención y definición del código genético. En el versículo 16 encontramos: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (El “libro” es el ADN).

Aún así, se atribuye a la selección natural. Pero, note el siguiente comentario: “El código genético es el resultado de una selección natural temprana y no debido al azar, dicen científicos británicos. Su análisis ha demostrado que el código es el mejor entre billones de billones de posibles combinaciones… aproximadamente 10 elevado a la 20 potencia de combinaciones son posibles, pero la combinación que la naturaleza utiliza fue adoptada como el estándar hace más de 3,500 millones de años” (2).

En lugar de llegar a la conclusión más evidente de un diseñador inteligente como responsable del código genético, simplemente se asume que es algo que sucedió naturalmente. “… es muy poco probable que un código tan eficiente se originó por casualidad – la selección natural tuvo que haber jugado un papel” (3).

Sin embargo, algunos biólogos evolucionistas reconocen lo absurdo de depender en la selección natural por sí sola para el desarrollo de los organismos. Dos prominentes evolucionistas han dicho:

“Algunas preguntas importantes de zoólogos no pueden ser respondidas desde el neo-darwinismo. Tales preguntas incluyen: ¿cómo se desarrollan nuevas estructuras en la evolución?, o ¿cómo un grupo de organismos o conjunto de moléculas evolucionó de otro?” (4).

Estas son algunas de las mismas preguntas que los creacionistas hemos hecho a los evolucionistas por años. La respuestas obvia apunta a la creación bíblica. Pero, dado que esta respuesta no es aceptable para ellos inventan historias o escenarios fantásticos como extraterrestres o Gaia, la idea antigua y pagana de que la misma Tierra es un organismo viviente, la madre Tierra como se le llama.

Richard Dawkins piensa que todo se puede resolver de alguna manera con simulaciones computacionales y su “relojero ciego”. Sin embargo, al tratar de explicar el cerebro humano por la selección natural, Edward Wilson de la Universidad de Harvard hace la siguiente conclusión:

“La evolución del cerebro ocurrió a lo largo de un periodo de tres millones de años transcurridos entre nuestros ancestros simiescos y el advenimiento del Homo Sapiens hace cerca de un millón de años. La característica más extraña del proceso es que la capacidad del cerebro excediera por mucho las necesidades de la mera sobrevivencia. Una curiosidad más es que, una vez que el cerebro se formó, la enorme diferenciación de culturas se llevó solamente en pocos miles de años, dado que solamente un parpadeo del ojo evolutivo nos separa de las civilizaciones más antiguas”(5).

Por supuesto nada de esto es extraño o curioso si uno está dispuesto a aceptar el registro bíblico del origen del cerebro humano y del origen de la civilización. El verdadero fondo de este asunto de orígenes biológicos es que solamente la historia bíblica encaja con toda la verdadera evidencia científica mientras que la evolución no lo hace.

Adaptado de Acts and Facts. Noviembre 2010. Biology and the Bible. Henry Morris.

(1) Larson, E. J. and L. Whitam, 1998. Leading Scientists Still Reject God. Nature. 394 (6691): 313.

(2) Knight, J. 1998. Top Translator. New Scientist. 158:15.

(3) Ibid.

(4) Margulis, L. and D. Sagan. 1997. Slanted Truths: Essays on Gaia, Symbiosis, and Evolution. New York: Springer-Verlag, 100.

(5) Gillipsie, C. C. 1998. E. O. Wilson’s Consilience: A Noble Unifying Vision, Grandly Expressed, Review of Consilience: the Unity of Knowledge by Edward O. Wilson (New York: Alfred Knopf, 1998), 322 pp. In American Scientist. 86: 281.